La evaluación clínica tiene como objetivo diseñar, para cada paciente, la estrategia de intervención que tenga el mayor beneficio posible. Es como hacer un traje a medida, hay que considerar las características particulares de cada individuo.

Habitualmente, los psicólogos realizamos una formulación clínica del caso, fruto de la evaluación pre-tratamiento, se trata de un engranaje de hipótesis y juicios clínicos acerca de las relaciones funcionales entre las conductas-problema, como objetivo de tratamiento, y sus variables causales. En este sentido, la formulación clínica del caso juega un papel primordial en la comprensión de los problemas del cliente y en la derivación de los tratamientos posibles.

El análisis funcional es uno de los acercamientos a la formulación clínica de casos. Es una herramienta fundamental en cualquier terapia psicológica, ya que permite explicar, a través de las relaciones funcionales entre variables, el por qué del aumento, mantenimiento o disminución de una conducta.

La relevancia del análisis funcional en el ámbito clínico es su capacidad para relacionar funcionalmente la conducta en un determinado contexto, de manera que se consideren los antecedentes y los consecuentes que la explican, respondiendo a la pregunta de por qué, o mejor, para qué se comporta una persona de determinada manera.

Asimismo, el análisis funcional permite llevar esas variables a la consulta y reproducirlas en el contexto de la relación terapéutica para poder intervenir en estos patrones, promoviendo el cambio.

En síntesis, el análisis funcional de la conducta consiste en un sistema de organización de la información relevante para la evaluación clínica que posibilita establecer una red explicativa de las relaciones funcionales entre variables (eventos externos, historia de aprendizaje, conducta, respuesta de otras personas, etc.), permitiendo la comprensión del mantenimiento de la conducta a tratar, guiando así la intervención clínica. 

El análisis funcional es la estructura que permite la formulación de un caso, constituyendo un conjunto de hipótesis que organizan las relaciones entre variables, dando  explicación al origen y mantenimiento del comportamiento.

Todo esto permite:

– Organizar la información

– Comprender la función que cumplen las conductas problema en relación al contexto que rodea a la persona

– Identificar las variables (antecedentes y consecuentes) que se relacionan funcionalmente con las conductas a tratar

– Formular la hipótesis dinámica de asociación funcional para predecir y modificar el comportamiento a modificar

– Establecer objetivos de intervención y programar el plan de tratamiento

El análisis funcional es, por lo tanto, una estructura básica en el trabajo de un psicólogo. Aunque una sesión de terapia pueda tener la apariencia de una mera conversación, todo lo que ocurre, lo que el paciente relata y hace o deja de hacer, se organiza de manera que la información pueda ser analizada de forma eficaz y trabajada para poder generar la sacudida que antecede al cambio. 

Cristina Martínez